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"La música es un manojo de llaves y puede abrirte las puertas de todos los sentidos"

  • 1 ago 2016
  • 16 Min. de lectura

Hugo Zuccarelli es conocido por inventar y desarrollar, en el año 1980, el sistema Holofónico, único en el mundo. La holofonía es un sistema de grabación y reproducción alternativo de audio, equivalente a la holografía en grabación de imagen. Este sistema permite percibir los sonidos de manera tridimensional.

A continuación, dejamos la entrevista que tuvimos el placer de realizarle:

Entre Polifonías- ¿Cómo fue que decidiste estudiar sonido?

Hugo Zuccarelli- Bueno, en realidad no me interesaba mucho el sonido, sino más que nada me interesaba la percepción. Mucha gente confunde lo que es sonido, vos le preguntas a un ingeniero o a alguien de la universidad “Qué es sonido?” y te habla de la velocidad del sonido, la intensidad del sonido, la frecuencia del sonido, todos parámetros de la vibraciones mecánicas; pero si vos le preguntas a un nene de cinco años qué es el sonido te dice que es lo que siente por las orejas. O sea que en realidad hay una diferencia entre en lo que realmente es y lo que el mundo científico piensa. O sea, yo generalmente en mis seminarios digo que hablar de la velocidad del sonido es más o menos como decir que la velocidad del gusto es la velocidad del tenedor que lleva la comida a tu boca, o sea que en realidad sonido es lo que percibe la persona. Los chinos dicen “Si un árbol cae en la foresta y no hay nadie ahí para escucharlo caer, cae en el más miserable de los silencios”. Así que el sonido invoca, necesita un escuchador; en Marte las tormentas son silenciosas porque no hay nadie escuchando.

Entonces para mí era importante entender que si vos, por ejemplo, llevas al Colón en una orquesta sinfónica, en una sinfonía, en varias jaulitas a diferentes animalitos: un grillo, un gato, un elefante y un hombre, el único que va a sentir las cosas como las sentimos nosotros es el hombre. El grillito no va a captar ninguna de las frecuencias que le pasen por arriba y él no escuche, él tiene un rango de frecuencia totalmente diferente al del hombre, escuchan por los 100.000 hertz, no hay instrumento, ni si quiera un violín, que alcance la frecuencia que él escucha, entonces obviamente no va a percibir nada. El gato, se la va a pasar moviendo las orejitas pobrecito, entre los timbales, los violines, todo eso, él no puede escuchar como escuchamos nosotros todos los sonidos a la misma vez, él escucha uno a la vez entonces estaría loco. Y el elefante, imagínate, estaría fuera del rango de lo que puede apreciar. Entonces, lo que nosotros llamamos sonido es una cosa bastante compleja.

Y una de las cosas que más llamaba la atención es que yo tenía una novia que tenía un perro con las orejas muy muy grandes, y la perra esa tenía un oído tan increíble que yo a veces llegaba a la casa de ella y me ponía a escuchar música a todo volumen, y veía que el perro se acercaba a la puerta y después de un rato llegaba mi novia. Entonces le había escuchado los pasos, con la música; pero ella vivía en un segundo piso, o sea que la perra escuchaba los pasos de mi novia que entraba en el edificio. Pero aun así, que tenía un oído increíble, si vos le tirabas una galletita al suelo, o sea, si vos tenías dos galletitas, una en la mano izquierda y otra en la mano derecha, y vos hacías que le tirabas la derecha pero la izquierda se la tirabas por donde no estaba mirando, pero hacía ruido en el suelo, la perra iba a buscar la que no habías tirado, olía todo el suelo y después la encontraba. O sea que ella no había escuchado o no detectó que la verdadera galletita le cayó por la derecha mientras que vos le hacías creer que era por la izquierda.

Eso se lo hacés a un chico, y el chico escucha que cayó del otro lado. O sea, yo hacía con una mano que se la tiraba a la derecha y a la izquierda le tiraba la galletita pero bien haciendo ruido en el suelo y la perra no escuchaba porque tenía las orejas orientada para el otro lado e iba buscando la que no había tirado. A pesar de ser muy intensa la sensibilidad, no tenía direccionalidad.

Entonces me puse a pensar que en realidad, en la selva, si vos estuvieras a la noche durmiendo, para vos es más importante saber de dónde viene un león que qué un león se está acercando a 10 kilómetros. Si vos tuvieras la sensibilidad, por ejemplo, de un micrófono, pero una sensibilidad increíble que vos pudieras escuchar un león que se te acerca a 10 kilómetros, pero no te dice de dónde viene, no te podes preparar. En cambio, si vos tenés menos sensibilidad pero más sensibilidad espacial podes saber de dónde viene.

Bueno, y dentro de esa filosofía de que era importante la espacialidad, me puse a pensar que si una persona necesitara tener los dos oídos destapados para escuchar de dónde viene el león, estaría frito. Porque muchas veces dormimos con una oreja tapada, por la almohada o alguna parte de tu cuerpo; entonces me puse a pensar que todo el asunto de la localización espacial no tenía nada que ver con el asunto que teníamos dos oídos.

Y otra cosa que me llamaba mucha la atención del asunto de los oídos era que en la realidad vos no podes planear un sonido, si una persona te está hablando de adelante y vos te tapas una oreja no te parece que te viniera del costado, cuando en realidad en el balance de tu amplificador vos moves de la izquierda a la derecha y el sonido se mueve; vos podes hacer que una voz sea en el medio, a la izquierda o a la derecha dependiendo de cómo moves el volumen. O sea que siguiendo esta regla de que vos tenés dos oídos y la intensidad del derecho, izquierdo o el centro es adelante o a los costados, en la realidad, si vos te pones un dedo en el oído o pones un objeto cerca que tape el sonido que te llega de un oído, vos tendrías que sentir una voz que se mueve, que está totalmente fuera de lugar, y no es así. Entonces esto, me dio mucha curiosidad de entender un poquito como era el asunto de la localización espacial y llegue a la conclusión de que el hombre podía localizar con un solo oído, y entonces que estaba todo mal.

Cuando ya era grande, que había estudiado mucha física, mucha matemática, me puse a estudiar cómo podía hacer un micrófono para localizar sonido en tres dimensiones con un solo micrófono, un solo canal. Y lo único que se me ocurrió era aplicar holografía. Es decir, había descubierto que la localización en la vida real era con un solo oído pero yo no podía entender cómo con un solo oído se podía identificar en tres dimensiones, entonces cuando estudié holografía me di cuenta de que si vos en vez de tener una onda, tuvieras dos ondas que se interfieran, pero una de las dos ondas la conoces, vos podes calcular de donde viene la otra. Entonces, yo supuse que el oído aparte de recibir sonido, estaba emitiendo. Si yo consideraba que era posible que el oído emitiera sonidos, podía, de alguna manera, pretender que si ese oído aparte de estar emitiendo estuviera recibiendo, lo que recibiría no sería el sonido de afuera sino sería la interferencia del sonido de afuera con el sonido de adentro. Entonces ahí, un detector que analizara la interferencia, y un analizador, que sería el cerebro, que analizara ésta interferencia podría deducir de donde está llegando una segunda señal.

EP- ¿Cómo llegaste finalmente a la holofonía?

HZ- Tuve que trabajar en un modelo físico que lograra las bases teóricas, o sea, que emitiera y recibiera e hiciera todas las cosas, y el resultado de eso escucharlo con mis oídos o con mi cerebro, para ver si yo podía entender de dónde venía el sonido. Y así trabaje por cuatro meses, haciendo modelos del oído, haciéndolos emitir, haciendo esto y lo otro. Y la primera vez que sucedió yo estaba dentro de un ropero con un solo auricular y… yo me casé muy joven, a los 21 años, con una chica que estudiaba bellas artes (que era la que tenía la perra) y ella me ayudo a construir los modelos de la oreja y todo, y se encontraba afuera del armario con una oreja artificial en sus manos conectada con cables y cosas así, conectada a un amplificador y a unos auriculares. Y ella con una cajita de fósforos, haciendo ruido, se ponía a hacer figuras; por ejemplo, se ponía a hacer una línea vertical y yo tenía que escuchar si la escuchaba vertical, por ejemplo si era de arriba para abajo o de abajo para arriba. Y pasó bastante tiempo pero al final lo logramos, y después se pudo hacer también horizontal, y lo último que hicimos fueron números y letras. Yo con un solo oído podía leer el número 2, el número 3, la letra L, M, N. Entonces cuando hicimos eso, hicimos el izquierdo, la otra oreja, y lo pusimos en una cabeza y así empezamos con las grabaciones holofónicas.

Cuando empecé a hacer las grabaciones, una de las cosas más divertidas que hacía era llevar esta cabeza, que llamábamos Ringo porque se parecía a Ringo Bonavena, el boxeador argentino, a una ruta y lo ponía cerca de dónde pasaban los autos, y así grababa un auto que pasaba. Entonces como tenía un grabador estéreo portátil, yo agarraba a una persona, un primo, un amigo mío, le ponía los auriculares y lo paraba en el mismo lugar donde había grabado y le hacía cerrar los ojos y cuando se estaba acercando el auto la persona saltaba pensando que era el auto de verdad. Entonces cuando logré ese nivel de perfección se lo muestro a los profesores de la universidad de Politécnico de Milano y ellos me dijeron que no existía esto y que lo tenía que patentar y empezar a desarrollarlo por mí mismo.

EP- ¿Qué fue lo que sentiste cuando probaste o experimentaste la holofonía por primera vez?

HZ- Es una cosa muy linda porque primero que lo estás anticipando, lo estás construyendo y anticipas el resultado, y después cuando sucede… es como que lo sabía. No es una sorpresa, vos estás confirmando algo que tenías ya en la cabeza. Es una de las satisfacciones más grandes del mundo, pienso que es muy probable que sea la misma sensación que tiene una madre al ver a su bebito cuando nace.

Y después bueno, el asunto de que eso que vos creas como inventor, si le produce cierta reacción a otra gente también te hace sentir bien. Es una de las razones por las cuales me siento tan bien cuando hago lo del Teatro Ciego; cuando la gente le gusta escuchar la música y se siente tocada por el artista o de repente salen y me abrazan con lágrimas en los ojos, es una de las satisfacciones más grandes del mundo. Mis posibilidades para buscar el trabajo perfecto era o actor porno o inventor, lo primero no funcionó así que me dediqué a esto (risas).

EP- ¿Es por dicha razón que empezaste a implementar el Teatro Ciego?

HZ- Bueno, lo del Teatro Ciego fue una cosa rara porque me pidieron de hacer una grabación holofónica y no tenían plata para pagarme y me dijeron “Pero podes usar la sala” y yo digo “¿Y qué voy a hacer con la sala?” y me acordé que tenía un par de parlantes. Pasamos Pink Floyd – The Wall y a la gente le encantó y después seguimos a delante con otras cosas que la gente iba pidiendo… ¿Vos que show habías venido a escuchar?

EP- Yo la primera vez que fui, fui a escuchar King Crimson y la verdad me encantó, es increíble. Y le comentaba a mis conocidos que me pasaba la misma sensación de cuando te reís mucho y liberas endorfinas, que estás contento.

HZ- Sí, esa es una de las cosas que yo propongo. La música está muy ligada al habla, a la comunicación. Nosotros nos identificamos con los instrumentos, con la música y su modalidad, al punto de que ni nos interesa en qué idioma está. Por ejemplo, mucha gente que escucha Pink Floyd ni siquiera sabe que tiene una letra impresionante y les gusta igual. O sea que la persona en el momento que está cantando, expresando sus emociones y todo, está llegando más allá de lo que es la palabra. Y lo mismo un instrumento, un violín o un violonchelo bien tocado te puede hacer llorar. Vos escuchas, por ejemplo, el Adagio de Albinoni, cosas así, y son muy tristes. O sea que en realidad la música es como una llave que te abre puertas, pero las puertas tienen que estar en tu cabeza. Hay gente que no le llega la música porque adentro no tiene nada. En una persona sensible, todo lo que tiene adentro son millones de puertas que están esperando ser abiertas; entonces la música es un manojo de llaves y cada llave tiene su cerradura que abre una puerta; si vos tenés muchas puertas, mucha sensibilidad, la misma música en vez de abrirte una puerta, te abre todas las puertas de todos los sentidos.

El cerebro es un poco así, cuando está atacado por información se regocija. Vos a un gatito le rascas la pancita, el bicho se queda chocho y se pone a ronronear; y vos lo único que estás haciendo es activar los centros de los sentidos de la piel. Bueno, los mimos, y todo en realidad, es eso: son dos almas que se funden a través de la piel. O sea, es por eso que yo cierro el show con un abrazo, porque en realidad todas esas endorfinas, que uno tiene la increíble sensación de estar en ese evento de sonido, uno las descarga a tierra, de alguna manera, a través del abrazo. Al principio no lo entendían muy bien, pero ahora se dan cuenta que es como el final feliz de la película. Si vos salís caminando y no tenés el cable a tierra, vas caminando como un zombie.

EP- Sé que trabajaste con muchos músicos de mucho renombre ¿Cómo fue que eso se fue dando?

HZ- El primer error que yo cometí fue que confié en Pink Floyd; yo en realidad lo primero que quise hacer era usar el sistema para demostrarlo y no me di cuenta de que estaba perdiendo el tiempo. Que los artistas, sí, lo querían usar, pero primero que no me querían pagar y segundo que todo lo que ellos querían hacer era utilizarlo a la ventaja de ellos pero que no lo respetaban como un sistema totalmente diferente, lo usaban como una especie de efecto o como un pedal de reverberaciones.

Yo lo que tendría que haber hecho era dedicar 100% de mi tiempo para convencer a las discográficas de reemplazar lo que ellos estaba utilizando por este sistema. O sea, en vez de ir a Pink Floyd, yo tendría que haber ido a la EMI y haberles dicho que utilicen el sistema para todos sus artistas, entonces ellos se iban a encargar de decirle a los Pink Floyd “Bueno, de ahora en más queremos todos los discos en holofonía”. En cambio, yo los deje a los Pink Floyd, que los tipos tiene un ego impresionante, y bueno, imaginate, me contrataron por diez días y me usaron un año y medio, y no me pagaron un mango. Yo me quede en bancarrota, prácticamente, esperando a que saliera el disco y después el disco lo primero que hace es ser un disco anti bélico, lo ponen en una lista negra, no vendieron nada, no me dieron crédito, los Pink Floyd mismos no hablaron de la holofonía… o sea que en realidad, fue uno de los errores más grandes que me costó la carrera porque, prácticamente, después de Pink Floyd, en Inglaterra no hice más nada. Roger Waters lo utilizó y todo, pero salió una oleada de bardos porque, imagínate, yo era argentino… era como si en Israel, un país palestino inventara algo, imaginate si le van a dar pelota. No había cabida para un argentino que inventara algo que ellos no pudieran; entonces me iba a ir a Estados Unidos y ahí ya en menos de 6 meses me robaron todo, fue una cosa impresionante. Y bueno, al final me volví a la Argentina y seguí adelante con lo de los parlantes holofónicos. Ya la holofonía ni me interesa, ahora estoy empezando a hacer algunas grabaciones de algunos comerciales y todo pero no es algo que me interese.

EP- ¿Es decir que no te interesa comercializarlo?

HZ- Lo que pasa es que está siempre usado mal, a mí me gustaría usarlo artísticamente. Es como si vos, lo de los parlantes, empezaras a dárselo a Tinelli para que lo use en Showmatch, o propagandas de Mc Donalds, o cosas así. No lo utilizas como algo artístico, sino como un aparato. A mí me interesa más la repercusión que puede tener en las artes, para generar endorfinas, como decís vos, para que la gente reciba un mensaje del artista de una manera un poquito más profunda.

EP- Entiendo... y volviendo un poco para atrás ¿En qué momento empezaste a “desafiar” lo que te iban enseñando?

HZ- Yo siempre fui así, ya de chiquito. Me acuerdo la primera bofetada que recibí en mi vida fue de chiquito cuando con la maestra de primero, o segundo grado, hablábamos del viento, que es aire en movimiento, y yo pregunto “¿Y quién lo mueve?” y ella me contestó “Es dios quien lo mueve” entonces yo le digo “¿Qué? ¿Está arriba con una pantallita, con un ventilador?” y me pegó una cachetada (risas). O sea, yo era muy crítico de todo lo que se me decía. Cuando me dijeron que la primera vez que Colón descubrió América había indios, yo le digo “Y, es más o menos como si alguien viniera a mi casa y dijera que descubrió mi casa, si estoy yo adentro, la descubrí yo”, entonces yo le dije “¿No estaban los indios que la habían descubierto ya?”.

Yo era un chico muy muy muy inquieto, hincha pelotas y no me quedaba callado, y todavía hoy. Hoy desde el punto de vista, incluso político, no estoy representado por ninguna fuerza política, ni en la Argentina, ni en el mundo.

Yo siempre dije que me quería ir a vivir a Groenlandia, ahora Islandia es mi lugar favorito porque derrocaron un gobierno, metieron preso al presidente y a todos los banqueros. Ese tipo de gente si me interesa… acá es un caos total. Estamos en uno de los países más ricos del mundo y estamos tan saqueados que la gente espera que no les roben a ellos, están más preocupados del tipo que te chorea el teléfono que de un presidente que te afana todas las vacas, el trigo, el oro, el agua, el gas, el petróleo; o sea, no entiendo muy bien.

EP- Y es esa personalidad, esa manera de pensar, la que te hizo llegar a donde estás…

HZ- Sí, yo particularmente creo que uno de los problemas más grandes del subdesarrollo es que vos vas a una villa y ves a todos eso chiquitos en patas, todos desprotegidos y no sabes cuál de ellos podría ser el próximo Einstein si tuviera la oportunidad. No sabemos debajo de qué piedra puede salir un gusanito que cambie al mundo. O sea, está todo el mundo preocupado por sobrevivir, cuando en realidad tendríamos que estar preocupados por vivir mejor, a una escala cósmica, no estoy hablando de vivir mejor comprándote un televisor.

Y yo, en este momento de mi vida, a una de las cosas que más estoy dedicado es a la difusión del amor en todo tipo de cosas. El amor para mi es algo de lo que nos están separando. En todas las grandes urbes la gente está disociada, tienen Facebook, tienen millones de amigos pero no se conocen. La gente no se reúne, no charla, no hace el amor, no se enamora del otro y de todo lo que podemos dar y compartir. Y no solo acá, sino en todo el mundo. Yo viaje por Europa, y están los chicos con los chicos y las chicas con las chicas, o sea que es una manera de controlarnos. Algo que sería algo tan interesante, que es el amor, que el amor es libre, nos lo tienen como con cuenta gotas y te convencen de que está mal para venderte porquerías. Muchas chicos/as fuman por eso, y toda esa necesidad de abrazos, de besos, de cariño la utilizan o morfando, o emborrachándose o drogándose.

El cuerpo está constantemente pidiendo estímulos, por ejemplo, mucha gente está drogada por la adrenalina y necesita esos deportes extremos de tirarse por paracaídas, de hacer bicicleta extrema porque necesita estar en el peligro; pero en realidad la persona más normal necesita, por lo menos, enamorarse de tres a cinco veces por día, lo necesita el hombre. Sin embargo, te atormentan tanto que la gente ni se mira a los ojos; si vos vas por la calle y le sonreís a una chica, ya están hablando de acoso. Y en realidad es muy lindo... por ejemplo, yo hice un viaje a Bucarest y vas caminando por la calle y te sonríe todo el mundo y yo decía “¿Qué pasa loco?”, y pensé que quizás me parecía al Tinelli de allá porque todo el mundo me miraba y me saludaba.

En Buenos Aires es como que todo el mundo tiene desconfianza de todo el mundo, allá no. Vos fíjate que vos acá si vos tenés que preguntarle la hora a alguien, tenés que estar con cuidado a quien le preguntas para que no te pegue, en cambio, imagínate en un lugar donde vos miras a una persona, le sonreís y ya te paró y estás hablando cinco minutos, todo el mundo está esperando comunicar y es hermoso, es hermosa la sensación de vivir en un lugar donde la gente no le tiene miedo al otro. Eso es algo que añoro y me gustaría ver en mi país, y es lo que trato de llevar al Konex.

Yo trato de hacer que cuando cierro la puerta y empiezo a hablar, que todo el mundo se entre a cagar de risa, se miren, se relajen. Yo trato de hacer todo bien cómico para que la gente no piense que es una cosa así del profesor de la universidad que los va a cagar a pedos, que se relajen para tener una experiencia diferente. Y a todo el mundo lo trato por igual, me preocupo mucho por ejemplo, cuando hay chicos que vienen les pongo tres o cuatro sillitas una arriba de la otra para que estén más arriba, cuando hablo les pregunto a ellos, porque en realidad pienso que todo el mundo se tiene que sentir bien.

EP- ¿Y debido a esto vos recomendás la holofonía?

HZ- Mirá, en realidad es porque lo hago yo y porque me gusta que la gente le guste algo nuevo. Ni me imaginaria hacer esto con parlantes convencionales, o sea, los parlantes te dan algo que otros parlantes no te pueden dar. Si vos pasas la misma música en otros parlantes a todo volumen lo único que haces es invadir, estás insultando los sentidos, en cambio acá los estás acariciando.

Y el amor es un poco eso, si te pones a pensar, el amor nace de un instinto muy bajo, que es el de procreación, pero si la naturaleza no hubiera inventado incentivos para que dos personas se acerquen a nadie se le ocurriría tener hijos. Si vos venís de otro planeta y no sabes lo que es un hombre o una mujer y ves a una pareja haciendo el amor, decís “¿Estos qué están haciendo?”, no lo entendés. O sea que la naturaleza tuvo que inventar un montón de artificios para que el amor sea algo lindo, agradable. Entonces, el amor, lo que queda y que reconocemos como amor son esos incentivos. Y bueno, el acercarse todos juntos en una habitación, apagar la luz y escuchar una música, es un poco amor. El arte es amor, el artista cuando está delante de su obra, él se expresa desnudo delante de su obra y pone un pedazo de su alma, y lo larga al público y el público recoge del artista un pedacito de lo que él quiso transmitir, entonces es una forma de amor. O sea que el amor puede expresarse de muchas maneras; el amor entre hombre y mujer sabemos lo que es, entre hombre y más gente se llama arte. Cuando un hombre le está haciendo el amor a todo el mundo es arte. Es muy así, y es por eso que yo termino el asunto con un abrazo porque yo quiero bajar al plano de lo que sentimos en el alma pasarlo al cuerpo para que haga cable a tierra.

EP- ¿Qué proyecto tenés para el futuro?

HZ- En este momento tengo cinco trinologías que están paradas porque son tecnologías de sustitución, o sea, son como el tipo que inventó el motor de agua que ahora que salió a la venta todo el mundo quiere ese, o como los televisores planos, que hace unos años se inventó la pantalla plana y los tubos de rayos catódicos, que eran las cajas esa de la abuela, no se fabrican más, los vemos cada vez menos. Si lo encontrás al lado del árbol de la calle de tu casa, ni lo levantas, ni te preocupas para enchufarlo a ver si anda porque no te interesa.

Bueno, mis tecnologías hacen de todas las tecnologías de audio y de video obsoletas, entonces nadie las quiere tocar. Entonces yo lo que tengo que hacer es encontrar una manera de ir a tocarles las puertas a las grandes potencias que sí quieren cambiar, que sí están buscando nuevos cambios de tecnología. Entonces mi mente está en viajar, China, Rusia, India, para que ellos lo puedan implementar.

 
 
 

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